sábado, 14 de mayo de 2011

Viaje a la habitación al lado.

Que duro es almacenar toda una vida en una triste cartera, como diría mi abuela. Y es aún más triste si esta está desgastada y agrietada, como mis pensamientos. No me decido que cosas podré guardar en una triste y confusa maleta que me acompañará el resto de mis días. Toda mi vida tiene que caberme ahí. No se por donde empezar, no si si dejarla vacía lo cual conlleva a que tendré que aprender mucho para llenarla de pensamientos y mirar hacia delante y comenzar nuevos sucesos, o por el contrario cargarla de sueños sin cumplir y recuerdos imborrables. O... ¿mitad y mitad? ¿será suficiente? Último suspiro a través de mi ventana, últimas miradas a los prados verdes, a las montañas con voluptuosas caderas, a las margaritas envueltas de alegría y conmoción, y a las mariposas que alardean de sus hermosos encantos. ¿Habrá allí mariposas? ¿Habrá allí alguna gota de agua entre las grietas de los corazones astutos?

Dejo muchas cosas aquí, cosas sin acabar. Cosas empezadas. Me dicen que no se lo hago, que soy una sin rumbo, un alma perdida. Pero no me importa, yo les digo que se que está a apunto de comenzar la historia de mi vida. Lo presiento. Y lo que se presiente se lleva adentro, muy en el fondo, y ese fondo es muy oscuro, más que una cueva.

Siempre me llamaron extranjera. Desde ese día, jamás me volví a sentirme de aquí, esa palabra oída por mi, a mis seis años de edad, me cambió la vida. Y más aún ahora. Ahora seré la extranjera de verdad. La extranjera para siempre, en todos y cada uno de los sentidos que habitan en el planeta.

martes, 26 de abril de 2011

A él.

Apareces tan de repente.
Yo tan despistada.
Me percato de tu presencia.
Te miro. Me miras.
Apreciamos nuestro común enigma.
Nos sonreímos.

El río fluye bajo nuestros pies. Bajo la ciudad.
Mientras... vuelas las hojas de los árboles.
La sangre altera, dicen.

Aparece el tiempo.
Nos interpone.
Abismos nos distan.
Nos disipan.

Estamos en la fase de esa sensación.
Nuestro interior. Tu filosofía...
Vuelve el tiempo.
Me percato de un breve y tibio beso.
Suspiros. Anhelos.
Recordaré esas palabras.

Roma inunda corazones sin vida.
Cura las heridas.

Desconocidos que nunca volverán a verse.
Conocer el amor el quince minutos.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Lo intenso.

Me aferro al té, por no aferrarme a la locura de la vida. Siempre intransigente. Algo me conmueve, me preocupa día a día. El fin del hemisferio. El no volver a sentir. Siento que mis dedos no podrán volver a abrazar más planetas, siento que nadie habitará más en mi caja de recuerdos en forma de luna. La luna, siempre presente, reina de todo, y rodeada de tantas almas y sueños perdidos que acoge cada noche. La luna, como madre de todo cuerpo planetario, como madre de una belleza transcendental. Eres tú la que siempre está presente en mis noches individuales y resignadas de placer.

domingo, 20 de febrero de 2011

Amarte; con el universo entre los dedos.

Y no, no volví a sentir, como se deshacía una galleta de sabor a chocolate en mi boca. Tampoco encuentro cuando abro mi cajón de los despojos; el trozo de luna que me regalaste. No, ya no, ya no siento escalofríos cuando las hojas se caían al suelo dando la bienvenida a mi queridísimo otoño. La lluvia ya no quiere mojarme la cara, me evita cada vez que me la encuentro y las margaritas de mi jardín han desaparecido de mi vista por completo. Y mis constelaciones... malditas constelaciones, no quieren verme, ni siquiera aparecen para desearme una bonita noche cargada de sueños. Parece que los melocotones ya no quieren ir al supermercado, parece ser que tampoco quieren que les acaricie su piel aterciopelada. Las plantas que riego no quieren crecer, ¿se habrán caído por un agujero negro? Las velas que enciendo en mis tenebrosas noches nunca se terminan por consumir, y no me dejan dormir. Los libros pasan sus hojas velozmente en mi cabeza, y no me dejan degustarlos. Es raro también, que el viento no me despeine cuando está en sus mejores días ociosos. Las mariposas ya no se posan en mi pelo, no se que las he podido hacer. Y para colmo, los laberintos situados en los anillos de Saturno que habitaban en mis pensamientos, han desaparecido por completo. Y no, no volví a sentir nada de lo que antes forma parte de mi cotidiana vida.

Conil de la Frontera, 1983. El único lugar en toda la tierra donde huele a puro salitre, donde los sueños viajan a menudo en la brisa cálida de sus playas. Solo existen casas blancas, y pequeñas, para que las puedas pintar con tu imaginación y amueblarlas de infinitos pensamientos. Allí donde la luna viaja cada noche, y alumbra las vidas de aquellos que creen en utopías. Pocos aprecian la intensidad de su belleza y han contado todas y cada unas de las estrellas que se sumergen en el mar oscuro, llamado el universo del sur.

Y pocos, la conocieron bien a ella. Hoy, Violeta decide guardar el salitre en una vieja maleta, y la arena en una cajita de madera. Violeta vuelve a Londres, vuelve para evadirse y destapar recuerdos olvidados en una lata de supermercado.

El verano en Londres, es como un invierno en Conil. Siempre gris, aquí el sol no me da los buenos días y el mar no llena de tranquilidad mis tibios oídos. Nunca me gustó esta ciudad, siempre plagada de gente caminando de un lado a otro con su comida basura a rastras, con prisa, con estrés constante, las pisadas de la gente suenan como repiqueteos de dedos en las teclas de un ordenador. Tráfico, contaminación. Ya oigo los músicos de Covent Garden tocando en frente de la puerta de mi edificio. Nada a cambiando por aquí.

Empujo mi llave hacia la ranura, me pasa lo de siempre, tengo que sacar de tripas corazón para encajar la maldita llave. De un descuido pisoteo todas las cartas y facturas existentes almacenadas en el suelo, es triste, que solo se acuerden de ti cuando dejas de pagar. Abro la maleta, y lo primero que saco es mi caja de madera llena de arena, la abro: huele a mar.

Sigo siendo cobarde sigo huyendo a toda velocidad. No me basta estar en mi ciudad natal, no me sirve de nada. No he conseguido salir de tu bohemia galaxia.

martes, 18 de enero de 2011

Sentimientos de astronauta.

Pasear, de nuevo, por un nuevo hemisferio
por una nueva vía láctea.

Me escapé por un agujero negro,
y termine explorando otra constelación más.

Pero esta... sin embargo es diferente,
y con una ley de atracción distinta.

Con la teoría de los planetesimales
estudio tu filosófico cuerpo.