domingo, 14 de noviembre de 2010

O quizás... nunca.

Volviendo a caminar descalza,
las baldosas atraviesan mis pies fríos.

Vuelven los abrazos de la lluvia,
besos vacíos que se esfuman en un aire congelado.

El humo de su cigarro grabado en mi nariz,
recordando su piel a cada paso que doy.

Mi cama acoge soledad,
las lágrimas queman el sol.

Los recuerdos contaminan mi vida,
ahora solo me desnuda el invierno.

La aurora se esconde, como siempre...
entre montañas.

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